Cada rincón de la ciudad amurallada tiene su letrero y nos ayuda a ubicarnos donde estamos y conocer un poco de historia de está hermosa ciudad, sitio para caminar, recuerda que si lo haces en horas de sol debes llevar sombrero, bebidas, aplicar bloqueador y disfrutar estos espacios abiertos en la muralla
Santa Catalina, al igual que el resto de la Muralla de la Marina, se caracterizó por un largo proceso constructivo
El Santa Catalina, de irregular planta, contaba con un amplio adarve, rampa de acceso, tendal, garitas, aljibes y un cordón
El mar, y especialmente, las voladuras realizadas por el barón De Pointis en 1697 hicieron necesaria su reconstrucción en el siglo XVIII Juan de Herrera y Sotomayor en 1719 elimina las plazas bajas, repara los aljibes y reubica la puerta existente, trasladándola a su emplazamiento actual junto al San Lucas. Además, inicia la construcción del espolón para proteger al baluarte de los embates del mar; obra que perfeccionará Antonio de Arévalo a finales de siglo. Este ingeniero brigadier complementa la defensa de la avenida de la Cruz Grande añadiendo al Santa Catalina el revellín del Cabrero, con foso húmedo y camino cubierto, que actualmente no se conserva al haber sido demolido a finales del siglo XIX.
Hace parte de la ciudad AMURALLADA es un buen lugar para bonitas fotos, excelente para esperar el atardecer.
Cada rincón de la ciudad amurallada tiene su letrero y nos ayuda a ubicarnos donde estamos y conocer un poco de historia de está hermosa ciudad, sitio para caminar, recuerda que si lo haces en horas de sol debes llevar sombrero, bebidas, aplicar bloqueador y disfrutar estos espacios abiertos en la muralla
Santa Catalina, al igual que el resto de la Muralla de la Marina, se caracterizó por un largo proceso constructivo
El Santa Catalina, de irregular planta, contaba con un amplio adarve, rampa de acceso, tendal, garitas, aljibes y un cordón
El mar, y especialmente, las voladuras realizadas por el barón De Pointis en 1697 hicieron necesaria su reconstrucción en el siglo XVIII Juan de Herrera y Sotomayor en 1719 elimina las plazas bajas, repara los aljibes y reubica la puerta existente, trasladándola a su emplazamiento actual junto al San Lucas. Además, inicia la construcción del espolón para proteger al baluarte de los embates del mar; obra que perfeccionará Antonio de Arévalo a finales de siglo. Este ingeniero brigadier complementa la defensa de la avenida de la Cruz Grande añadiendo al Santa Catalina el revellín del Cabrero, con foso húmedo y camino cubierto, que actualmente no se conserva al haber sido demolido a finales del siglo XIX.
Facil acceso, linda vista al mar, el tunel te lleva afuera de la muralla, lastima que huele a orines
Buen lugar para ver el atardecer!!!!